La sirvienta





Aprovechando la ausencia de su esposa e hijos que pasan un fin de semana en la playa, Don Cacahuate se encuentra insistiéndole a la nueva y muy bonita sirvienta, que le abra la puerta de su dormitorio.

– Anda, María, abre la puerta que no te va a pasar nada malo. Sólo vamos a gozar mucho.

– No, siñor, tese quieto!.

– Mira, María, si abres te aumento el sueldo…

– ¿Y, luego quí li dicimos a la patrona?

– Pues nada, ella no tiene porque enterarse de nada.

– Ta bueno, patrón, pero pase por dibajo di la puerta su cirtificado de que no tienes SIDA.

Don Cacahuate recuerda el chequeo médico que se acaba de practicar y le pasa hasta su acta de nacimiento ante lo cual la sirvienta por fin cede y Don Cacahuate se da el gustazo.

Al rato ya calmado y disfrutando de un buen tabaco, le dice Don Cacahuate a la sirvienta:

– ¡Caramba, María, no sabes leer ni escribir, pero, que bien estas enterada de las cuestiones de salud!

– Si, patroncito, yo seré disnorante, muy disnorante, rete-disnorante, pero esto del Sida no me lo pegan dos veces!